Es la única restauración que se le ha hecho a la virgen Divina Pastora desde que llegó a Barquisimeto en 1736. Se hizo en tiempo récord en enero de 1993, luego de un percance surgido con la imagen de la Virgen. En este mes de enero de 2021 se cumplen 28 años de esta reparación, una de las obras que más emocionó al artista plástico venezolano Boris Ramírez Dala, quien murió poco tiempo después de completar la tarea restauradora.
A la medianoche de los primeros días de enero de 1993 llamaron presurosos a la puerta de la casa del artista plástico Boris Ramírez Dala, situada en la calle 23 entre carreras 16 y 17 de Barquisimeto, en el centro histórico de la capital larense.
Era el sacerdote Diego Alvarado, una de las autoridades de la Iglesia Católica de la ciudad crepuscular para aquella época. Buscaba a su viejo amigo y ex-compañero de estudios de bachillerato Boris Ramírez por un percance de última hora que había surgido con la imagen de la Divina Pastora.
«Tienes que venir conmigo a la iglesia de Santa Rosa», le dijo el padre Alvarado a Ramírez, muy preocupado por lo que había sucedido con la imagen de la Virgen.
Ramírez Dala, que vivía en Caracas, había adquirido una de las casas más antiguas de la ciudad crepuscular, situada al lado de la plaza Juan Jacinto Lara de Barquisimeto, la otrora plaza Bolívar, para restaurarla y convertirla en su centro de estadía cuando viniera a su Barquisimeto natal, como sucedió aquel año, el de la visita 137 de la Divina Pastora, como fiel devoto de la Virgen que también era Ramírez Dala.

De la antigua casa lo sacó el sacerdote Alvarado aquella inesperada noche y lo llevó a la iglesia de Santa Rosa, para que viera lo que había sucedido con la imagen de la Virgen.
Había que restaurarla de manera inmediata ya que faltaban menos de dos semanas para la esperada y concurrida procesión de cada 14 de enero, que congrega a más de dos millones de personas anualmente, en un peregrinaje de 7.5 kilómetros de distancia desde el pueblo de Santa Rosa hasta la Catedral de Barquisimeto, con la imagen de la Virgen sobre los hombros de su pueblo.
Boris llegó a la iglesia, al nicho de la Virgen, pasada la medianoche y no podía creer lo que estaba viendo, dijo una de sus hermanas mayores, Zuraya Ramírez Dala, al recordar aquella restauración, la única que se le ha hecho a la advocación de la Virgen María desde que su imagen llegara a Barquisimeto hace cerca de tres siglos.
A 28 años de la única restauración de la Divina Pastora
«¡Dios mío!» dijo casi llevándose las manos a la cabeza el artista plástico especializado en restauración en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Llotja de Barcelona, España, al ver lo que había pasado con la imagen.

Desde aquella noche y durante dos semanas Boris Ramírez Dala, con apoyo de un sobrino Francisco Ramos, sus colegas y socios Harry Shuter y Gustavo Zajak, así como otros familiares y amigos más cercanos, se entregó en cuerpo y alma a la restauración de la advocación de la Virgen María más importante de los larenses, la Divina Pastora, su patrona espiritual, y una de las más veneradas de Venezuela.
En este enero del 2021 se cumplen 28 años de la única restauración que se le ha hecho a la imagen de la Divina Pastora, a cerca de tres décadas de que las prodigiosas manos del connotado artista plástico venezolano Boris Ramírez Dala restauraran la delicada y angelical imagen de la Divina Pastora.
Una carta que no tuvo respuesta de las autoridades locales
Zuraya Ramírez rememoró que un año antes de la restauración su hermano le había dirigido una carta a las autoridades eclesiásticas y civiles de estado Lara, exponiéndole con mucha preocupación el avanzado estado de deterioro del rostro de la imagen de la Virgen.
El escultor proponía restaurar la figura sin cobrar un centavo. Lo quería hacer porque le preocupaba como devoto, restaurador y artista plástico una de las imágenes celestiales más veneradas por los larenses.

«Boris estaba desilusionado porque no había recibido respuesta», dijo la hermana, sentada en el comedor de su casa, mientras recordaba el arduo proceso de restauración de la imagen sagrada.
«Qué ironías», reflexionó Zuraya. Boris estuvo esperando durante varios meses una respuesta de las autoridades eclesiásticas y civiles para restaurar la imagen y no hubo respuesta oficial, y una medianoche de enero de 1993 tocaron la puerta de su casa: había llegado su hora esperada, la de la restauración de la Virgen, pero había que correr…
Uso de dediles de vejiga de chivo para restaurar a la Virgen
«La Virgen había sido intervenida otras veces, pero de muy mala manera, personas que no eran restauradoras de oficio y profesión, como mi hermano», egresado en Letras de Universidad Católica Andrés Bello (Ucab) en Caracas, en Artes de la Escuela Cristóbal Rojas de la capital venezolana y restaurador en la universidad de Llotja, de Barcelona, España.
A la imagen de la Virgen «le habían pasado una brocha con una pintura clarita varias veces. El trabajo de mi hermano fue la primera restauración real en la historia de la imagen, desde que la trajeron a Barquisimeto», en 1736, aseveró Zuraya.
Dijo que su hermano trabajó doce horas diarias en la restauración de la imagen, durante más de una semana. «Fueron cerca de dos semanas, antes de la bajada de la imagen; recuerdo había que llevarle la comida, trabajaba a puertas cerradas, prácticamente no salía» del lugar donde tenían a la Virgen, explicó.

Lo que más le llamaba la atención a Zuraya era que su hermano, el único que podía tocar la imagen, se colocaba en sus manos una especie de dediles de vejiga de chivo que todos los días tenía que buscarle su hijo mayor Francisco Ramos en el matadero de Barquisimeto, y llevarle a su tío en la iglesia de Santa Rosa, dediles que utilizaba en el delicado proceso de restauración.
“No podía trabajar con las manos directamente porque le marcaba las huellas a la imagen de la Virgen, tampoco con guantes. Todos los días tenía que utilizar diez dediles diferentes para cada dedo hechos con vejiga de chivo que le llevaba Pachín”, que fungió como su secretario en aquel trabajo de restauración.
Los dediles “eran como tripitas transparentes, como bombas para soplar de las fiestas. Se los incrustaba en los dedos y con ellos trabajaba. Tenía que cambiarlos todos los días porque se deterioraban diariamente. Esa labor de restauración fue realmente impresionante, la imagen de la Virgen quedó prácticamente original”.
La figura de la Divina Pastora es una pieza articulada
Boris Ramírez Dala expuso de manera individual y colectiva en muestras artísticas y bienales de Caracas, Maracaibo, Valencia, Porlamar y Barquisimeto, entre otras ciudades del país.

Obtuvo el Premio del Salón de Artes Arturo Michelena de Valencia en 1982, también el Premio Bienal de Escultura del Museo de Arte Contemporáneo Francisco Narváez de Porlamar, en 1984.
Asimismo, fue Mención de Honor del Museo de Barquisimeto, en 1982, y Mención Escultura Tercera Edición del Premio Eugenio Mendoza de Caracas, en 1986. En el año ochenta y siete obtuvo el segundo lugar del Gran Premio Christian Dior de las Artes Visuales, con una obra titulada “La creación”, un manto que hizo en honor a la Divina Pastora.
Zuraya recuerda que para elaboración de la obra ella tuvo que tomarle las medidas a la Virgen. “No fue nada fácil, el acceso a su nicho es muy restringido, pero finalmente logré cumplir con el pedido de mi hermano, luego de intentarlo mucho”.
Explicó que la Virgen “es una pieza completa de madera, es como una muñequita muy bella; es articulada, se le mueven los brazos y las piernas. Es una imagen preciosa de una pastora, de la que tuve el honor y la dicha de ver completa”.
Boris Ramírez Dala murió dos años después de haber restaurado la imagen de la Divina Pastora, el 14 de noviembre de 1995. “La restauración de la Divina Pastora fue un momento muy especial en su carrera como artista. Él contaba que cuando le hizo el manto la Virgen se le apareció en el taller, por esa razón le colocó como nombre al manto “La creación”, porque era como la creación de la vida.
“Boris era un hombre especial, siempre estaba pendiente de todos nosotros en la familia. Era muy cariñoso con todos, especialmente con mamá. La restauración de la Virgen fue un momento muy especial para él, así como para toda la familia, el pueblo de Santa Rosa y los feligreses que estuvieron expectantes, a la espera del resultado de la restauración, que al final dio un maravilloso fruto”.
Félix Gutiérrez
DATOS CURIOSOS DE BORIS RAMÍREZ y de la restauración:
* Otra de las hermanas del artista plástico, María Eugenia Ramírez Dala, recogió los restos obtenidos de la restauración de la imagen de la Virgen, los colocó en diminutos sacos de tela y Boris los repartió entre sus familiares y amigos más allegados. “No sé quedó ni uno sin recibir las bolsitas de aquellos restos milagrosos de la restauración de la Divina Pastora”, dijo Zuraya Ramírez.
* Cuenta que la obra “La creación”, un manto en homenaje a la Divina Pastora, la hizo Boris Ramírez Dala junto con la reconocida diseñadora ítalo-venezolana Piera Ferrari, quien aportó la tela para el manto y también intervino en la costura.
*El manto de Boris Ramírez lo llevó la imagen de la Divina Pastora una sola vez, en una ruta que cumplió la Virgen desde la iglesia Concepción, la antigua catedral de Barquisimeto, hasta la iglesia La Paz.
*El niño que acompaña a la Divina Pastora también es de madera caoba, como la Divina Pastora. “El niño igualmente quedó bello. Mi hermano decía que era una obra de arte. La restauración de Boris fue todo un éxito y eso es de un gran orgullo para nuestra familia”, aseveró Zuraya.
*Una escultura de Boris Ramírez Dala fue donada por su familia para una subasta, que servirá de apoyo a actividades creadoras y artísticas de experiencias culturales que tienen sus cimientos en Barquisimeto, la cuna del artista plástico venezolano.